domingo, 8 de febrero de 2015

La admiradora



La primera vez que salí con Betzy Adams, fue todo lo contrario a lo que esperaba de un cita. Nuestros padres eran amigos, yo tenia 13 años y ella 9. Siempre que la miraba se sonrojaba y me decía con voz nerviosa “hola Charles”.

En el primer baile de su vida mis padres me obligaron a ser su chaperón, por supuesto que fue horrible nadie a los 13 años quiere ir a un baile de niños de 9. Fue bien aburrido,  en un momento pensé en arrancar. Pero al ver los ojos de ilusión de la chica con sus lentes grandes y gruesos, supe que no podía abandonarla, le rompería el corazón. Me pregunté que hubiera hecho Elvis y justo en la pista de baile, sonó: “Anyone Could Fall In Love With You”, así que me entregué y la invité a bailar. Sentía como sus latidos del corazón retumbaban cerca de mi estomago. Terminé el baile, la lleve a su casa como todo un caballero, supe que jamás olvidaría esa noche. Fue la primera vez que me sentí admirado.

Pasaron los años, terminaba la secundaria. Había cambiado, me convertí en un tipo tímido y retraído de muy pocos amigos y conversaciones. Decidí no ir al baile de graduación no era asiduo a las reuniones sociales y hablar con chicas se me volvía algo tedioso incluso molesto. Preferí quedarme en casa con la melancolía del amor. Sin embargo ocurrió lo inesperado, mi padre entró de golpe a mi habitación, me lanzó un traje y dijo: arréglate iras al baile. Lo intenté persuadir, pero me respondió con el silencio antipático de un padre.

Bajé la escalera arreglando mi corbatín y refunfuñando "pero papá no he invitado a nadie" 
y.... mi madre con voz cómplice añadió: "no te preocupes por eso".


Sonó el timbre de la casa, yo estaba muy nervioso. Un poco mareado, un poco confundido, tratando de descubrir quien sería la pobre víctima que mi mamá habría convencido de acompañar a un chico solitario y aburrido como yo, traté de no pensar que la había obligado. Con decepción y resignación, abrí la puerta. No me atreví a levantar la vista, estaba demasiado avergonzado. De pronto oí una voz dulce que me saludaba con nerviosismo: "hola Charles". Rápidamente levanté la mirada y vi a una chica muy distinta a la que conocí a los 13 años, usaba gafas delgadas y sofisticadas tenía un rostro hermoso y un cabello rubio y rizado.

" Be.. Betzy..." respondí tímidamente.

Me miró sonriendo y me dijo: "vengo a devolverte un favor" ,guiñándome un ojo.


Esa noche descubrí cosas de ella que jamás imaginé. Tardó sólo un par de minutos en enseñarme a bailar rock and roll y ser la primera mujer que abracé bailando. Aún recuerdo sus suaves susurros cuando sonaban las baladas de Elvis.

Fue una de esas noches en que la brisa fría del aire te hace cosquillas y en la que cualquier movimiento te pide un beso.

1 comentario:

  1. Tal cual, recuerdos de niñez, cuando los padres eran amigos, recuerdo de un niño que sus padres lo mandaron con un regalo a pedirme disculpas porque se había burlado de mis dientes jajajajajjaajaj

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