El regreso
Aquel verano el calor nos tenía mal. Luego de haberte esperado tanto. Tú tan distinta para un tipo como yo, un esclavo de la sociedad, un empleado de medio tiempo en una oficina pública. Alguien que no tiene claro lo que quiere y tú, una mujer tan definida, tan clara, siempre dedicada al arte. Venías llegando de aquella beca en París, nunca pensé que te vería de nuevo conociendo gente tan refinada y elegante.
Hoy te fui a buscar al aeropuerto. Esperé impaciente, no sabia si gastar mis pocos centavos en invitarte a comer o recibirte con flores, así que opté por lo segundo. Cuando te vi ambos caminamos en silencio, te veías igual de bella que la última vez, aunque ahora mas radiante, con más experiencia. A cuadras nos encontramos con ese café, donde íbamos después de andar en bicicleta por horas y al que luego te invitaba con el dinero que me había sobrado de los cigarrillos de papá. En este tenso camino me pregunte si sentías algo por mi. Ahora estaba más dudoso que nunca.
Nos sentamos en el misma mesa que sagradamente ocupábamos en aquel entonces, cuando apareció la camarera me sorprendí cuando le dijiste: “ lo de siempre”. Ella puso en la mesa esa copa de helado de manjar y crema que tanto nos gustaba y pude ver ese secreto que rebelaba nuestro amor, la mirada que atravesaba en la crema, guinda y pajillas. Me volví a sentir seguro, era el momento de hablar.
Si les gusto por favor compartir y comentar este cuento.

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